El pasado sábado 25 de Junio fue una jornada difícil de olvidar. Ese día Camila Moreno conmemoró el primer aniversario de su celebrado disco “Mala Madre”, el cual le valió diversos reconocimientos no solo nacionales sino también internacionales, lo que hacía presagiar que estaríamos en presencia de un show que tenía todas las de ganar.

Mis experiencias anteriores a éste concierto con Camila Moreno habían sido bastante placenteras (de los puntos altos del pasado Jardín Stereo y una gran performance como parte de la reciente edición del Rockódromo); pero estos directos fueron bastante similares entre sí. La sola idea de un show de dos horas y media me generaba dudas sobe la manera en que lo plantearía, pero fue así como 15 minutos antes de la hora indicada (por problemas de traslados) logré llegar al recinto para encontrarme con mi partner fotografo. Luego de las explicaciones de rigor, ingresamos a un teatro que en ese momento ya se encontraba en un 90% de capacidad.  La espera fue corta y de golpe las luces se apagaron para dar paso a un par de siluetas que se tomaban el escenario.

Fotografía: Juan José Almarza Viera

“Libres y Estúpidos” fue el puntapié inicial a un recital que durante los primeros 20 minutos no dio respiro entre canción y canción, mostrándo el fiato entre ella y su banda para coordinar cada instante incluyendo las salidas de bailarines que aparecieron en escena en “No Parar de Cerrar…”, llevando el espectáculo a otro nivel y de cierta forma cerrando el primer acto de esta obra.

“Julia” en vivo es el fiel reflejo de por qué es el mejor track de su disco y en el cual la artista se la nota segura y confiada en lo que hace.  Luego de ello comenzó la lista de ilustres invitados partiendo con Tomás Preuss (Prehistóricos), cantando “Esta Noche o Nunca” la cual fue seguida por los espectadores con una atención y respeto hipnótico.

Fotografía: Ignacio Orrego

Fotografía: Ignacio Orrego

Las sorpresas continuaban mientras el tiempo se iba sin darme cuenta.  Un abandono total del escenario para trasladarse a un costado sin amplificación en medio de una estética lleno de velas y coristas que hacían solemne el ambiente, donde apareció el segundo invitado de la jornada (Me LLamo) Sebastián para cantar “Delfín del Deseo”.

Vuelta al escenario principal para el punto más alto de la noche. Si hay algo que define los shows de Moreno son esa especie de ritual que se crea siendo “Yo Enterré mis Muertos en Tierra” el climax, esta vez contando con la participación de Pancho Sazo y en el cual la tensión, euforia y potencia terminaron por dejar a la gente helados ante una demostración musical admirable.  Sin darnos cuenta ella abandona el escenario mientras el público estupefacto quería más.

Fotografía: Ignacio Orrego

La vuelta al escenario fue rápida mientras “Incendié” y “Bordado” sonaban frente a nosotros. Ya el ritmo de todos los involucrados dejaba de ser coherente para transformarse en expresiones personales, donde (incluyendo los bailarines) se movían de acuerdo a lo que sentían y no a un algo “más estructurado” como antes. “Millones” entraba a escena y la canción cobró una vida totalmente nueva con la versión realizada en desmedro de la original (algo que creo la gran mayoría agradeció).

Se acercaba el final que nadie quería, pero la artista ya estaba bordeando las dos horas y veinte minutos, cuando “Máquinas sin Dios” provocaba el desorden total y el escenario se llenaba con todos los participantes además de algunos del público. Un punto final altísimo que hizo que toda La Cúpula se rompiera las manos en aplausos y ovaciones.

Es raro lo que puede llegar a hacer un disco en una artista. Yo siempre he dicho que no soy un devoto de Moreno, fue imposible no rendirse ante la escucha de su “Mala Madre”. Lo que finalmente se vivió ese sábado, fue una experiencia que muy pocos artistas nacionales (e incluso internacionales) pueden terminar generando.  Ante eso sólo queda sacarse el sombrero y hacer las reverencias correspondientes.

Fotografía: Juan José Almarza Viera

Fotografía: Juan José Almarza Viera