Mi relación con Denver ha sido bastante dulce y agraz. Mi primer acercamiento fue hace aproximadamente cinco años, cuando se estuvieron presentando como parte de la celebración de los 50 años de la Radio Valentín Letelier de Valparaíso. En ese momento, la banda desarrollo un buen show pero a decir verdad, personalmente lo que más destaqué con mis amigos era lo ‘linda de la vocalista’.

Si, Mariana tiene sus encantos pero, al igual que sucede con Milton, la superficialidad esconde otros grandes tesoros que con el pasar de los años supe apreciar. Resumiendo, al llegar su último larga duración, Sangre Cita, recobré un fuerte el interés por Denver pues me cautivó la búsqueda de un sonido mucho más maduro y letras que capturaban por sus conceptos, logrando uno de los buenos discos para mí del 2015.

Como a una película de suspenso, me fui a ver a los de San Felipe que vendrían a Valparaíso nuevamente. Presentaban su trabajo en el Teatro Condell y el hype a su alrededor había que comprobarlo, a ver si se justificaba.

La noche partió bastante movida y tensa ya que, mientras esperaba a la fotógrafa alrededor del teatro, una marcha terminó en un caos y violencia que espantó a quienes estaban en la fila. Tuvieron, o tuvimos, que ser guarnecidos dentro de la galería del teatro, hasta que volviese la calma. Llegó la fotógrafa y pudimos ingresar a la prueba de sonido del dúo, en la cual se los notaba totalmente abstraídos de lo que ocurría en el exterior (quizás simplemente nunca se enteraron), tranquilos y no demorando demasiado en el proceso.

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

Luego de un elegante retraso de media hora apareció en el escenario, Rodrigo Marquez, una de las cabezas detrás de Insomnia, quién de cierta forma anunciaba y daba comienzo a un largo ciclo de recitales que se vendrán en un futuro cercano, donde hubo nombres de peso pero que aún no se confirman. De todas maneras eso más el agregado de un discurso bien ad hoc al momento, terminaron por lograr prender a la gente que se estaba cansando un poco de la espera.  La banda sale a escena.

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

El show comenzó solemne, tanto por parte de la banda como del público quienes escuchaban atentos el comienzo con “Noche Profunda”, para luego dar paso a un frenesí escénico en el cual Mariana Montenegro destacó por irradiar sensualidad. Milton Mahan declaraba su clara obsesión por Jorge González al bailar de una manera muy parecida a la que el líder de Los Prisioneros lo hacía en la época de “Corazones”. Toda esa energía finalmente hizo que los presentes perdieran la timidez y a cada canción que avanzaba, más eran los que se terminaron parando para dejarse llevar por el baile.

“Bola Disco” fue el detonante y todo terminó en fervor, en ese gran desenfado o rebeldía de un estilo más práctico, en eso que hace reaccionar a la gente de manera festiva y con el cual el dúo logra un fiato admirable con la audiencia más fanática, algo comprobable a cada canción como “El Infierno”, “Los Vampiros”, “Mai Lov”, el cover de Supernova (“Tu y Yo” entro a mi lista de placeres culpables) o el cierre con “Los Adolescentes”.

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

Foto: Paula Katherine Leiva Bravo

Decir si Denver la rompió o no es variable. Su show fue correcto, con un sonido que no sufrió en ningún instante, demostrando un crecimiento notorio y la conservación de ese espíritu adolescente que a fin de cuentas es su sello característico. Los diferencia de una Javiera Mena, Fakuta o Marineros y los convierte en esa extraña obsesión para fans acérrimos como en la justificación perfecta para sus detractores.