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Personalmente creo que la pasión es el combustible más puro de la vida. No solo mueve montañas, si no que también permite que noches como las del sábado pasado sean posibles. Me consta que muchas marcas y medios querían a Weichafe reunido. Me consta que hubieron cifras tentadoras de por medio. Pero solo el tiempo, la amistad y el amor por la música harían posible algo como lo que se vivió en el Teatro Caupolicán el pasado 13 de diciembre.

La fecha quedó para la posteridad. Para algunos marcado en la piel. Literalmente, pues algo que me sorprendió fue ver en los pasillos del teatro a un fanático tatuándose la W diez minutos antes de que partiera el show. Pasión.

Lo que vendría, desde luego, sería un huracán de emociones. Lo simpático de todo esto es que muchos de los asistentes vieron a Weichafe por primera vez en su vida. La legendaria banda de rock nacional alimentó, sin intensiones de hacerlo, una fanaticada que lamentó no haber presenciado sus mejores momentos. Aunque estos probablemente estén aún por suceder.

Repasar canción por canción es contraproducente. Fueron 31 y con eso basta para certificar que como ellos hay pocos. Si bien hubo uno que otro momento con una evidente falta de cohesión (¿faltó ensayo o hubo mal monitoreo desde el escenario?), en la mayor parte del concierto predominó el corazón y la experiencia de la agrupación como un ente en si mismo. Una banda que durante años cargó con el estandarte del rock and roll, este sábado demostró que ‘en la cancha se ven los gallos’.

weichafe caupolicán

Antiguedad constituye grado, y ahora que son sobrevivientes de un talento casi extinto es hora de hacerse cargo y reinventar eso que en algún momento fue underground. Es momento de llevar a Weichafe un paso adelante y ellos lo saben. Un Caupolicán lleno no es por ningún motivo la consecuencia de su trabajo; si no el primer indicio de que lo sembrado se puede cosechar sin tener al tiempo como referente.

Qué merecido lo teníamos, todos. La banda, el público, la familia completa. Años enteros fueron soñados con un episodio como este y ahora que se ha vuelto realidad, es casi un ‘check’ más en una extensa lista pendiente. Queremos a un Weichafe en el extranjero. Queremos a un Weichafe renovado; cohexistiendo con herramientas del presente bajo un concepto que lleva años impregnándose en el inconsciente de la gente: ‘La historia se vive en la calle’. Una bajada y hashtag que no viene gratuitamente y por mero efecto de la publicidad.

Esto no es publicidad. Es el grito desesperado de aquellos que creemos vigente al rock y el talento de este trío. Un trío que lo dio todo frente al público y que se probó a si mismo. Porque si bien ayer vi gente coreando hasta los solos de guitarra, también vi a una banda dándose una segunda oportunidad.

Vi una banda perdonando los malos ratos; reinventándose un leguaje musical y superando cualquier obstáculo con tal de generar ese combustible que alguna vez los juntó. Pasión por la música y por eso que presenciamos las más de tres mil personas aquel día en el Caupolicán.

‘Eso’ que no tiene nombre y que no trabajaré mucho por describir. Porque más que descripción, es una pasión.
weichafe bandera
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