Cuando la Lalita me dijo que quería ir a ver a un tal Cristóbal Briceño, igual la pensé. No cachaba al loco pero sabía que no tocaba la música que me gusta a mí y, más encima, yo me tenía que rajar con las entradas. Le expliqué la situación a los Twitsessions y me dijeron que ellos me auspiciaban pero a cambio yo tenía que escribir algo sobre el show, así que aquí estoy otra vez.

Llegamos a Matucana 100 y lo primero que vi fue una masa de seres súper poco metaleros, todos sentados frente a un living lleno de puras guitarras de palo, sin batería y con una escenografía como las de Arjona cuando viene a Viña. A la hueá, claramente, le faltaba rock.

De repente sale un flaco barbón, micrófono en mano, y se pone a cantar un tema de esos típicos que escuchaba mi vieja en la radio Pudahuel como hace trescientos años. Rara la cuestión, yo no entendía nada, pero ya era tarde para virarse y cuando vi que mi Lali lo estaba disfrutando, me calmé y empecé a cortejar a la hembra.

El Briceño empezó a echar la talla y a tocar unas canciones que, al parecer, nadie cachaba. Después supe que el compadre tiene más bandas que Mike Patton porque empezó a invitar caleta de gente al escenario para tocar algunas inéditas y otras viejitas.

Primero se subieron unos monos crespitos de un grupo que se llama Ases Falsos a hacer un par de temas y después apareció un compadre bajito que tocaba en los Fother Muckers o Mother Fuckers, no me acuerdo cómo era la hueá. A ese loco (Héctor se llamaba) lo aplaudieron caleta y fue uno de los mejores momentos del show, lejos.

A medida que Cristóbal Briceño avanzaba en su repertorio, se iba poniendo más romanticón, así que yo traté de acercarme más a mi guachita pero ella estaba metida en las canciones y poca bola me daba porque el socio empezó a meter al escenario a gente de Las Chaquetas Amarillas, Los Mil Jinetes y Grupo Niagara, puros proyectos que está trabajando por estos días.

En un momento, el cofla empezó a tocar unos temas cebolleros añejos y la mina apoyó su cabeza en mi hombro. Me sentí más pulento que nunca y pensé “ésta es la mía”, mientras sonaba ‘Eres mi primer amor’ de Chayanne en la voz de Briceño. Momento culiao bizarro.

Completando las 2 horas de música sonaron temas de Silvio Rodríguez, La Reina Morsa, Natalia Molina, uno que otro hit y para el gran cierre apareció ‘Simetría’, la más coreada y celebrada por el público en toda la noche. Hueón, si hubiera tocado una más, les juro que le chantaba el beso a la Lalita, pero bueh.

En resumen, chacal el espectáculo. Aunque a ratos medio lento y se perdió mucho tiempo en pajas técnicas como que se cayeran algunos atriles o partituras. Le faltó un roadie que lo ayudara en su aventura solitaria y también podría haber tocado más hitazos para la gallada, pero se maneja el hombre, la supo hacer.

– Igual tenía buenos temas el loco – le dije a la calienta sopas mi amiga.
– ¿Ah sí? ¿No se supone que te gusta el metal no más? – preguntó mi Lalita – Porque me he dado cuenta que en las tocatas disfrutas más tú que yo.

Ese comentario me hizo sentir sucio y confundido, como una quinceañera.

Mi volás anteriores:

Alex & Daniel
Astro
Keko Yoma
Denver