Texto publicado en edición nº 31 de Revista iPOP

“Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño” reza el emblema escrito por el chileno Julio Numhauser que popularizó Mercedes Sosa a mediados de los 80’s. Efectivamente, el mundo no es el mismo desde aquellos años y hoy más que nunca ese contraste se hace presente día a día entre las personas.

Así lo indica un estudio publicado recientemente en el New York Times que analiza cómo han variado nuestras prioridades, enfatizando la importancia que le damos a las experiencias en comparación con lo material a la hora de gastar dinero. “La idea básica es que hoy en día es mejor irse de vacaciones que comprarse un nuevo sofá” dice el Profesor Dunn, resumiendo la extensa investigación de un conjunto de psicólogos.

Dentro de este contexto, los festivales se han posicionado como una de nuestras primeras opciones si se trata de elegir panoramas. La globalización económica, la abundante oferta musical y el arribo de las mega producciones a Sudamérica son solo algunos de los factores que han influido en este proceso, donde la tecnología también juega un papel fundamental.

Rockódromo es un buen ejemplo ello, pues el mítico evento porteño organizado por Escuelas de Rock ha sido pionero de la transmisión vía streaming en sus dos últimas versiones con resultados bastante positivos. Patricio González, director de la institución, reconoce que “este tipo de espectáculos son una herramienta clave para que el repertorio nacional se acerque al público y en ese ámbito, estas tecnologías nos integran directamente a nuevas audiencias que el día de mañana desearán disfrutar de esta instancia de manera presencial. Contribuimos a que el contenido cultural se encuentre al alcance de todos y esto permite que la ciudadanía se involucre aún más”.


Pulsera 2012 de SXSW

A nivel internacional, la incorporación de dispositivos digitales en las dinámicas de conciertos es mucho más usual de lo que podríamos imaginar. Festivales como SXSW (en Austin, Texas) implementan pulseras con etiquetas RFID (Radio Frequency IDentification) que no solo facilitan o restringen el acceso a determinados espacios, también establecen estadísticas precisas cada vez que una pulsera es identificada por un lector para validar a quien la posee.

La automatización es esencial para mejorar la experiencia del usuario y Coldplay ha entendido muy bien este concepto. Lo demostraron durante toda su agenda 2012 con las fascinantes Xylobands; pulseras LED’s con sensores incorporados que se iluminan al ritmo de ciertas canciones y que dan por resultado un colorido manto de luces. Una bella instantánea para el recuerdo que termina por involucrar al público como un componente activo de su show audiovisual.

Y si de propuestas artísticas se trata, los casos son innumerables: desde la consistente mecatrónica con visuales de The Wall (de Roger Waters) hasta el sorpresivo holograma de 2pac Shakur (en Coachella 2012), pasado por la innovadora puesta en escena de Gorillaz y las parafernálicas producciones de U2. Todos con algún componente electrónico o informático en busca de hacer del encuentro uno simplemente único.

Aunque en Chile no estamos ajenos a este desarrollo, aún hay un camino largo por recorrer. Basta con mencionar los engorrosos procedimientos para comprar tickets a través de la web o los incontables fracasos con los proveedores de entradas en los recitales más concurridos. La música no lo es todo y cada detalle cuenta al momento de evaluar la satisfacción de asistir a un evento de grandes proporciones. No por nada Maslow asentó el tiempo y el ocio en la cúspide de su pirámide.

Sobre el tema, Patricio Gonzalez es enfático en cuanto a su experticia con Rockódromo y otros festivales: “Una de las cosas más apasionante que tienen las nuevas tecnologías es que significan un constante aprendizaje. Hay una permanente interacción con el usuario que te obliga a involucrarte en temas que quizás hace varios años atrás eran impensables para un gestor de actividades culturales. Siempre habrán aciertos y errores, lo importante es seguir avanzando”.

La imaginación no tiene límites y al parecer el mundo se cuadra a la altura de nuestras ideas, en un presente intrigante que no entrega muchas certezas sobre dónde vamos a parar. La única seguridad es que la música sigue siendo y será un componente indisoluble de nuestras vidas y aunque todo cambie, el sonido perdurará.