Entre el silencio del desierto y la melancolía de la lluvia

La eterna batalla contra el centralismo, o la exclusión de lo extremos. Qué le vamos a hacer, esta es una tierra que no invita al encuentro entre unos y otros. Los músicos asentados en el norte y el sur bien lo saben: para ir a mostrar su talento al resto del país, hay que gastar el tiempo y dinero que sólo disponen aquellos que pueden dedicarse 100% a esto. Y no todos son así de afortunados.

Cada cierto tiempo, aparecen por Santiago números que, sacrificándolo todo, abandonan sus lejanas cunas y sólo así logran el reconocimiento en toda la nación. Hielo Negro de Punta Arenas, o el gran Manuel García de Arica, pueden dar fe de aquello.

Hemos hablado con dos casos hermanados por estar en periodo de búsqueda. De Iquique, Ricardo González – o Delonelyman – y su grunge del desierto; y desde Ancud, Subalternos con su sureña intensidad guitarrera. Y no es que pensemos que viven en otro mundo, pero habiendo tanto chileno que ni siquiera conoce dichas ciudades, resulta válido que nos cuenten de cómo se vive el rock por allá.

Sería una tontera no aprovechar la diversidad geográfica a modo de inspiración. Delonelyman reconoce que “los paisajes siempre son inspiradores. Hay una mayor conexión al momento de componer. Es muy común irse con una guitarra de palo a tocar frente al mar; y en otras oportunidades, al menos yo tuve la oportunidad, de ir con una banda amiga a tocar enchufado en la soledad de la pampa. Estamos entre el lamento del mar y el silencio del desierto”.

¿Es mucha la diferencia entre nortinos y sureños? “No podríamos decirlo” dicen desde Subalternos. “Sí hay una idea de mezclar aires propios con el rock”, completan. González cree que “la diferencia la marcan la música y bailes andinos. Además, hay harto “sound”, por la influencia que llega de Perú y Bolivia. Y en lo que respecta a los textos, hay temas recurrentes: la crítica social se enfoca en las drogas; personalmente, pienso también en la pampa, el desierto y la soledad”.

A ratos, pareciera que vemos en nuestros compatriotas de las zonas extremas del país como si vinieran de otro planeta. Más de alguno podría sentir cierta desmotivación por no ser tratado como “uno más”, simplemente por vivir tan lejos del supuesto epicentro cultural. “Claro, lo más difícil es salir del lugar de orígen, porque se debe armar un equipo de trabajo que tenga las ideas claras. Muchas bandas, cuando saben que tienen que hacer grandes sacrificios por rockear, no les queda otra que aperrar, entrentando un sinfín de ‘contras’ – viajes eternos, poca plata, etc.” nos cuentan los representantes de Chiloé.

Ojo, que no todo es una desventaja. Al menos para Delonelyman, ha tenido fortuna, pues “en Iquique, podemos disponer de instrumentos a través de la Zofri. Y hay variedad de instrumentos acústicos y andinos en el centro”.

Muchas veces nos dejamos encantar por los visitantes foráneos, simplemente por tener un sonido que nos parece especial o por representar influencias que no dominamos por completo. Lamentablemente, desconocemos lo especial que puede ser el ofrecimiento sonoro de nuestros compatriotas que vienen de más lejos.

“Creo que la gente valora el gentilicio iquiqueño cuando puede ver nuestra propuesta completa, con visuales incluidas, que representan lugares y la estética de nuestra zona” nos dice Delonelyman.

Por parte de Subalternos, manifiestan que “siempre tratamos de ser los mejores representantes de nuestra tierra. Eso genera una química súper especial con la gente. Conectamos con esa naturaleza lluviosa y melancólica, y se genera una conexión con un valor especial”.

Nos alegra saber que en ambos casos han tenido la oportunidad de acercarse “al otro lado”. Delonelyman ya estuvo en Concepción, y hoy está radicado en Santiago. Subalternos, ha recorrido el país desde Chiloé hasta Valparaíso. El terreno que aún queda por conquistar se plantea como el desafío futuro.

Nos ha quedado claro cómo es que aquellos músicos criados tan lejos del centro administrativo de Chile resuelven el tema de la distancia. Es, a todas dudas, una injusticia que deban venir a instalarse, más allá de que en todos los países siempre hay un par de urbes que concentran toda la actividad. La pregunta ahora es cuántos de nosotros hemos ido a ver a bandas locales esas ocasiones en que fuimos a tierras ajenas. Ahí quizás esté el encanto que sólo se puede hallar en los rincones más distantes de nuestro país.