Cada noche me preocupo de dejar cargado mi iPod para no pillarme con la sorpresa la mañana siguiente de no tener batería y estar obligada a bancarme la música del micrero, colectivero o las bocinas de automovilístas  con poca paciencia.

Para muchos,  este acto debe ser como un ritual de cada día. Asegurarse de tener el aparato electrónico cargado. Cuando ando en la calle me gusta observar a la gente y me he fijado que un gran porcentaje de ella está pegada a un par de audífonos.

A veces, siento la curiosidad de saber qué es lo que escuchan,  qué mundo esconden tras esos aisladores de la vida real. En ciertas oportunidades lo he logrado porque es tan fuerte el volumen que no tan sólo escuchan ellos sino que todo el metro cuadrado de su alrededor.

También me he fijado- mirando de reojo-  en la lista de reproducción de quienes  se sientan al lado mío con su reproductor a la vista. Ha salido de todo, algunos con pésimo gusto musical para mí ya que tienen a romanticones del tipo Ricardo Arjona y otros que sorprenden porque su apariencia no indica precisamente lo que están escuchando.  Mi voyerismo  sonoro puede ser quizás excesivo pero resulta interesante saber a qué melodías está conectada esa gente mientras viaja y se traslada de un lugar a otro. Es ver un porcentaje mínimo de su vida.

Este ejercicio que sólo se quedaba en la teoría lo vi llevado a la práctica. Está dando vuelta por internet un video que logra armar un playlist de lo que se escucha por las  calles de Londres.

¿Qué estás escuchando? Es la pregunta escrita sobre un cartón que desencadena el desconectarse y transmitir qué es lo que se escucha.

Encontré genial el ejercicio y me fijé  en mi propia lista de reproducción y  en la canción que habría estado en mi oído si me hubiera encontrado con ese cartel de cartón en la calle.

Hace un par de semanas que estoy escuchando repetidamente el disco de una banda amiga que están pronto a estrenarlo en público en julio próximo. He seguido todos sus pasos de cerca ya que uno de los integrantes  fue mi compañero  de colegio desde kínder.  Toda una vida de amistad, la que ahora cobra aún más sentido porque siendo unos niños soñábamos en que él iba a tener su banda de música. Los deseos de aquel entonces no están para nada alejados a la realidad de ahora.

Darse cuenta que el camino elegido ha sido el correcto  genera una tremenda satisfacción. Ahora con el mar de fondo en mis trayectos de vida 2011, el disco de “Los Prana” hace un click revelador al mirar atrás e inmediatamente verse en el tiempo real. Sí al parecer, estoy por el camino pavimentado.


También, bajo este mismo ejercicio, recuerdo el blog de un compañero y amigo de la universidad en la que cada nueva entrada  la terminaba firmando con la canción que estaba escuchando en ese momento. Además, se dedicaba a hacer un listado de los  temas más significativos, descifrando en códigos musicales su año.

Con todo esto, me doy cuenta que no podemos separar nuestros actos cotidianos de las canciones. Por lo mismo sería entretenido copiar el ejercicio y que esas personas que andan en la calle nos presten un audífono y armamos un playlist ciudadano. ¿Y tú, que estás escuchando?