Tal como lo anunciábamos en la primera parte de esta nota, las marchas ciudadanas se han instalado con gran fuerza en nuestro país. Ni el Gobierno, ni los políticos, ni los mismos dirigentes se esperaban que el día 16 de junio más de 150 mil estudiantes, docentes y funcionarios públicos salieran a las calles a lo largo del país en una manifestación que, sin duda, ha marcado un hito.
La cantante nacional Denisse Malebrán, en conversación con Twitsessions, reflexionó sobre lo que está aconteciendo: “la gente ha asumido un rol activo y reacciona de manera participativa frente a los hechos que la afectan. Las redes sociales tienen un papel importante en esto. Son su medio de protesta y convocación”. Esto último ha sido el pilar fundamental del movimiento, ya que Internet ha tomado un rol protagónico como medio de conexión, difusión y articulación de manifestaciones organizadas por la propia ciudadanía, lejos del añejo partidismo que hoy trata de colarse a estas marchas.

Más allá de las razones particulares de cada persona que ha participado en estas instancias, hay un factor común que no podemos dejar de lado: un sistema político-económico en jaque y un descontento generalizado. “Se está produciendo una alianza ciudadana, algo como los ‘indignados españoles’ y no solo contra los políticos… también contra el poder financiero, que es el que gobierna realmente, amparado por el poder político”, asegura el reconocido músico Florcita Motuda, quien se ha destacado también por alentar este movimiento social.

Sin embargo, y pese a que durante el último mes se ha convocado a marcha a lo menos una vez por semana, el Gobierno pareciera no comprender ni querer entender que, tal como lo señala Cote Foncea, miembro de la banda Lucybell y De Kiruza, “existe claramente un pueblo ahogado y cansado de no ser escuchado. Que por más que un gobierno (sea del color que sea) prometa, no hay una respuesta concreta a quien se debe, es decir, a la ciudadanía, a quienes eligen a los gobernantes”.

Ante este estallido social, el cantautor Ángelo Pierattini comenta sin tapujos que “me parece excelente que por fin podamos manifestar colectivamente un punto de vista. Ojala que esta práctica se haga parte de nuestra idiosincrasia y que los conservadores paren con el asunto de que el no estar de acuerdo con una política pública y que salir a decirlo pacíficamente sea obstruccionismo o desorden público. Ya nos trataron de convencer en la dictadura que el que no estaba de acuerdo con ella era un terrorista”.

Lo que sucede es que la gente abrió los ojos, alzó la voz y sacó de las entrañas ese grito que durante décadas se adormeció en los resquicios de la dictadura. Hoy solo existen temores infundados y fomentados por parte del Gobierno y por los medios de comunicación masivos, donde todo finalmente está entrelazado bajo el poder político y económico. Y así lo hemos comprobado, por ejemplo, en que “lo que hoy se ve en las noticias, alternado con comerciales ‘Pro HidroAysén’ es tragicómico… Es abiertamente una desigualdad. Falta que la noticia se complete por ambos lados. Creo que es muy poco ético por parte de los canales de TV promocionar, por la plata que sea, un asunto contingente como HidroAysén… es algo que debería entrar en una disputa en el Consejo Nacional de Televisión”, asevera Cote Foncea.

Ante estos temas, es importante que la información que reciban las personas esté contrastada con diversas fuentes, que señale los por qué de lo que está aconteciendo y no se quede con noticias de un sólo lado o hechos aislados, muchas veces descontextualizados, sin llegar al trasfondo del asunto. Pero resulta difícil si nos ponemos a pensar que los medios de comunicación masivos, al igual que la educación y otras entidades, están al servicio del mercado más que al de la propia ciudadanía.

Respecto de esto, el líder de Legua York, Gustavo Arias, advierte que “los medios de comunicación sólo difunden lo que es parte de la industria cultural. Son los monopolios en este plano los que dictan qué se debe oír o dejar de oír. Así que ojo, no son muy buena vitrina por cuanto solo generan lucro y comercio con sus productos”.

Por ello, Pierattini también hace un llamado tajante, diciendo que “ya basta del manejo comunicacional de los sectores de poder, y no me refiero a que sólo son de derecha, pertenecen a todas las tendencias. A ellos les conviene generar confusión en nuestras cabezas para poder hacer de las suyas mientras nosotros discutimos como imbéciles”.

Lo importante de todo esto, más allá del por qué la gente está manifestándose y si los medios de comunicación masivos cubren o no estos hechos como debiera ser, es que en Chile hay un movimiento social que, lejos de lo que muchos pensaron, no se ha debilitado en el camino y ha logrado mantenerse activo y unido.

La ciudadanía se cansó de que el mercado esté por sobre el entorno y la calidad de vida, se aburrió de las falsas promesas y quiere soluciones concretas y profundas. No migajas o parches que al poco tiempo dejan de servir.

La calle ha llegado para quedarse como un fenómeno social que las autoridades no han logrado comprender. Los tiene de cabeza y esto les pasará la cuenta si no se ponen las pilas e insisten en seguir indiferentes y hacer oídos sordos a lo que finalmente exige la gente.

Fotografía portada por Hugo.