Al centro, y adentro

No se trata de confrontar ciudades. Todo lo contrario. Es la perversa geografía de nuestro país la que nos hace sentirnos a ratos tan alejados unos de otros. Pero no todas las consecuencias de ello son negativas. Tenemos más diversidad climática y todo eso, que aunque parece cháchara innecesaria, contribuye también a diferenciar nuestras ciudades en términos de personalidad. Y también sonido.

Uno podría suponer, tras un análisis a la rápida, que la sonoridad de la zona centro debiese ser algo más homogénea. Pero tras conversar con músicos de cada zona, nos encontramos con que más allá de las condiciones propias de cada ciudad, cada una de ellas es un mundo propio, de mucha diversidad. Los muchachos de Inersia reconocen que en su natal Valparaíso “el sello es simplemente el ser aperrado. Acá se practican muchos estilos, eso hace de Valpo un lugar muy rico. Creerse el cuento y ser aperrado tiene relación con el entorno en el que nos movemos nomás”.

Desde Concepción, Juan Pablo de Los Muertos desmiente que la ciudad sea dominada por la influencia británica de los sesentas: “eso es por el éxito y mayor promoción que tuvieron algunas de esas bandas”. Al mismo tiempo, no distingue “un estilo característico de la región. Creo que la diferencia, sí, se hace presente en cuanto a las temáticas de las letras, ligadas muchas veces a nuestra historia como país, y la relación con la naturaleza”.

Santiago es, en teoría, otro mundo. Una ciudad mucho más grande, con mayor segregación, y cuyo tamaño conspira contra la vida comunitaria que existe en otros lados. Rodrigo, de Piedra, cree que “se facilita el que uno se reúna con bandas con las que tiene mayor afinidad, en todo sentido. Nosotros nos juntamos con Raíz Terca, Funeral, La Curda y No Estacionar, y creamos Incendiario Discos, por ejemplo”.

Más allá del amor por la tierra propia, el asunto es más interesante cuando se genera una mayor interacción. Piedra, por ejemplo, cuenta de alguna vez que fueron a Concepción “y éramos sólo dos bandas de Santiago, e igual llegó público. En otras regiones se da algo especial, por la curiosidad del público, y cuando esa gente es receptiva, se da el ambiente ideal”. Desde Inersia, reconocen que “el público en Santiago tiene más incorporado el hábito de pagar por los eventos que se realizan, en comparación con Valpo, que si no son gratuitos (pensando en bandas emergentes), no se llenan los espacios”. Los Muertos, por su parte, reconocen no haber tenido la respuesta esperada en el Puerto Principal, y hacen valoran la escena santiaguina porque “en Conce el público es de gustos más extremos, pero hay un vacío en lo que es el rock clásico. En Santiago hay gente para todos los estilos. Y es extraño, porque el capitalino es más frío y desconfiado, pero como público apoya más, no es tan cómodo como en el sur”.

Lejos de cualquier rivalidad a estas alturas infantil, las tres bandas confían en que aumente el intercambio musical entre ciudades, por el bien no sólo de ellos, sino también del público. “Creo que el público dispuesto a ver bandas independientes logra un buen ambiente, son shows con mucha comunión con la gente. Mientras más puertas se abran a los músicos independientes, mejor para todos”, dicen los Piedra.

Los Inersia no han tenido oportunidades de ir a Concepción aún, pero no ocultan su entusiasmo producto de “las recomendaciones de terceros, que dicen que la gente allá participa muy activamente”. Justamente, los penquistas creen que “en todas las ciudades hay público para el rock, pero no tienen la costumbre de ver artistas nacionales. Responsabilidad compartida, de medios, productores, y también los músicos por no darse el ánimo de viajar más lejos y hacer el sacrificio”.

¿Algún privilegio para los que viven en el centro? Los Muertos cuentan de una experiencia inolvidable en Puerto Montt, así como recomiendan Osorno y Copiapó, fuera del radio en torno a Santiago. Por último, Rodrigo, bajista de Piedra, confía en dejar de lado los prejuicios, y que “lo más importante de todo sea remar para un mismo lado y colaborar mutuamente. Si logramos eso, podemos hacer del circuito de bandas independiente algo un poco más grande”.

La pregunta queda planteada de manera natural. ¿Qué pasa con aquellos que no pueden darse el lujo de viajar a tocar a Santiago de una noche para otra, de todos aquellos que reciben poco y nada de visitas independientes, y que ni siquiera son sindicados como “cunas del rock”, como sí lo son las ciudades en las que ya nos enfocamos?

En la segunda parte de esta nota, es el turno de aquellos que hacen patria en los extremos de Chile. Músicos y “públicos”, quedan invitados a participar.

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