Viernes 15 de Abril. Sala UPLA, Valparaíso, Chile.

Milagros no es de los que viene muy seguido a Valparaíso. Si bien es cierto, lo hemos visto en importantes escenarios como Rock Carnaza, había una especie de deuda  con el público porteño que hace tiempo venía pidiendo un repertorio más extenso para degustar.

Y que mejor lugar que la Sala UPLA, un lugar tan bien equipado y acogedor que, debemos reconocer, nos arrepentimos en parte no haberlo visitado antes, pues el excelente sonido, el cómodo espacio y la versátil iluminación jugaron papeles claves en lo que fue una jornada memorable.

Todo partió pasado los 20 minutos de la hora citada con una convocatoria que, a pesar de no ser de las mejores, fue la suficiente para generar la tan necesaria tensión simbiótica entre público y músico que suele caracterizar a cada buen concierto. El inicio estuvo a cargo de una minimalista versión para un canto tradicional Lacota, que luego vino a tenderle una mano a Nahual, dos temas que Fernando viene incorporando hace rato en sus shows y que en esta ocasión rompieron el silencio para desaparecer entre tímidos aplausos.

Aplausos que fueron in crescendo a medida que transcurrían los distintos parajes y que al final de la noche se convirtieron en un instrumento percutivo más para acompañar a ratos en temas como: Elizabeth Fritzl, Cumpleaños o Avenida Perú. Mención aparte merecen: Río,  Nadadora y, el último single de ‘en Estudio Elefante’, Pony, que impecablemente fueron ejecutadas no solo a nivel interpretativo, si no también a nivel sensorial, removiendo cada tejido emotivo del variado público presente.

La versatilidad de Milagros da para mucho, y anoche lo demostró con creces haciéndose acompañar de guitarra, de 6 y 12 cuerdas, armónica, percusiones y un Kazoo (silbato de origen africano), que aportaron arreglos únicos a cada versión desenfundada, siendo uno de los puntos altos el set de nuevas composiciones que interpretó de manera desnuda – tal y como él mismo lo describió – en donde aprovechó las bondades de la tecnología análoga/digital para usar el loop y hacerse acompañar de diversos samplers que iba registrando de forma instantánea. El resultado de esta exploración: dinamismo y matices que sorprendieron por su simpleza y que seducían con sus armonías, a ratos un tanto pop, dejando vislumbrar lo enriquecedora que ha sido la amistad con Pedropiedra y Gepe que, directa o indirectamente, han influenciado en este último periodo creativo del músico.

Una grata sesión que cerró entre clásicos como Reina Japonesa y sorpresas como Francotirador, canción que pertenece a la obra teatral ‘El amor es un francotirador’ – bajo la dirección musical del mismo músico –  y cuya letra fue escrita por una cercana amiga, también involucrada en la obra.

Más aplausos y una leve decepción entre algunos asistentes por un repertorio que no duró más de 50 minutos, pero que sin duda demostró la madurez que ha alcanzado Fernando Milagros; un artista que dejó de circular por aires dylanescos para dejarse impregnar de influencias tan diversas, que no vienen al caso enumerar.


Registro fotográfico por Sebastián Milla