Sábado 16 de Abril. Bar La Cantera, Valparaíso, Chile.
La puntualidad no es una de las mejores cualidades del público en Valparaíso, que generalmente baja de los cerros pasada la medianoche para dar comienzo a lo que suele denominarse “bohemia porteña”, una frase un tanto trillada pero bastante precisa al momento de describir las noches eternas que se viven en lugares como el bar La Cantera, que a eso de las 00:30 hrs veía llegar lentamente a sus fieles parroquianos para presenciar una función protagonizada por The Ganjas y Nairobi; dos cultores de la psicodelia que decidieron aprovechar su amistad para hacer un par de fechas juntos en Chile y seguramente unas cuantas más en ciudades argentinas pues, para nuestra sorpresa – y reconociendo nuestra evidente ignorancia – Nairobi es una banda cuyos orígenes se remontan al 2004 en las para mí desconocidas tierras Bonaerenses.

Previo a salir, unos cuantos googleos bastaron para advertir que en el 2009 la banda había sido convocada al consolidado Glastonbury Festival, convirtiéndose en los primeros confirmados en la historia musical argentina en participar, dato que bastó para llegar con altas expectativas a una noche que sin duda las cumplió.

Tras un dj set que no dejó a muchos contentos por sus mezclas poco provocativas, Nairobi se presentó a eso de las 1:30 ante un público que poco y nada conocían de ellos. Sin embargo, la entrega al baile y disfrute no demoró mucho y desde el aletargado cajaso inicial de la batería quién llamó la atención fue su vocalista, Ivi; un personaje bastante particular que para describir brevemente bastaría con citar su respuesta ante la petición de unas cuantas chicas que esperaban algo “más rápido” para seguir sacudiéndose desaforadamente: “¡Hey, sonido! aquí unas nenas lo están pidiendo más rápido ché.. y bueno, lo que pasa es que a Ivi le gusta lentiiiito” –un mostro.

La banda se paseó principalmente por su último material de estudio con temas como Materials, A Balon, o UFO que se caracterizaban por ritmos envolventes y repetitivos al más puro estilo dub, su escuela por definición. La mezcla de secuencias, faders y efectos digitales también hicieron lo suyo pues, aplicados a la voz, generaban una atmósfera inigualable cada vez que el iluminador del local se lucía con sus trucos para dejar a la concurrencia más que satisfecha.

La magistral invitación al escenario de Pablo Giadach, guitarra melódica de The Ganjas y frontman de la banda Casino, fue un gesto que se agradeció con aplausos y gritos, cerrando a un Nairobi que había cumplido con creces la misión de calentar a los asistentes para el show que todos estaban esperando.

Fue así como The Ganjas no tuvo inconvenientes en vibrar con el público desde el primer acople, descargando un repertorio que combinó lo más destacado de su discografía con lo más nuevo del cuarteto santiaguino que viene trabajando hace meses bajo la supervisión de Jack Endino, un verdadero arquitecto del sonido originado en Seattle con numerosos proyectos que datan de producciones junto a Soundgarden, Modhoney y Nirvana, entre otros. Un detalle no menor si consideramos que Endino vino dos semanas completas en verano, supervisando un trabajo cuyo objetivo principal es consolidar la extensa carrera de una banda que raramente tuvo su momento más bullado gracias a un peculiar video que se viralizó rápidamente por Internet.

Apropiándose de un sonido demoledor, estos cuatros errantes del rockanroll le han dado vida a canciones más estructuradas, dejando menos espacios para el jamming y más para acordes sólidos, haciéndose acompañar de bases rítmicas mucho más presente a lo que solíamos estar acostumbrados. Una reformulación que se hace notoria en su single debút, Resistance, y que no deja de sorprender por su pulcritud en vivo, muestra del depurado sonido resultante de la pasión y la experiencia de una banda que creemos tendrá una longeva vida.

Puntos altos fueron Alondra y la volátil This Is The Time de 15 minutos con la que cerraron, dejando exhausto a un bar La Cantera que sudaba como si hubiese sido el mismo local quien se hubiese sacudido.

Registro fotográfico por Sebastián Milla