Sábado 16 de Abril. Espacio Dadá, Buenos Aires, Argentina.

Mil seiscientos kilómetros son los que separan a Santiago de la cosmopolita Buenos Aires, que entre las muchas características que le podemos atribuir, una fundamental es, sin duda, la de capital musical. Así es como en la lluviosa noche del pasado sábado, mientras uno de los padres del “rock nacional” -Luis Alberto Spinetta- se presentaba en un concierto íntimo en el reestrenado Teatro SHA, el alter ego de Daniel Riveros hacía lo propio en el Espació Dadá, en el epicentro mismo de la bohemia porteña: Plaza Serrano, en el cultural barrio de Palermo Soho.

La cita también tenía otros invitados. La noche anterior se había presentado junto a Trostrigo, un rancagüino radicado acá en el gran Buenos Aires y que vino a probar suerte, exportando el nuevo sonido del folklore criollo. Pero en esta oportunidad, la guitarra suave y melosa de Violeta Castillo fue la encargada de abrir la velada. Con sólo cuatro canciones en el repertorio, esta porteña que acaba de editar hace un mes sus epés Uno y Otro, nos entregó canciones de corte sentimental, algo planas a ratos – por el formato acústico – y que se mueven en el mundo musical de la balada, el soul y el pop.

Luego vino una sorpresa. Aprovechando el escenario y el público, el cumpleañero Pedropiedra también quiso mostrar parte de su trabajo. Con el single de su debút homónimo Inteligencia Dormida inició una acotada presentación que bastó para convencer a la reducida audiencia. La simpleza y “lo oreja” de su propuesta sacó numerosos aplausos durante los no más de diez minutos de presentación. De la guitarra al teclado y auto-acompañándose, a ratos, con el bombo de la batería, pasaron Si Somos Salvajes, Sol Mayor y una nueva canción de su próxima producción que justamente hoy vió la luz en su formato digital: Vacaciones En El Más Allá. Pese a la precariedad del escenario y del sonido, sobre todo en los micrófonos (donde Violeta tuvo los mayores problemas), Pedropiedra se mostró sólido y fue un buen entremés para lo que se venía.

A estas alturas, Gepe es uno de esos artistas que no tiene que demostrarle nada a nadie. Sobrevalorado para algunos, genio musical para otros, la propuesta del sanmiguelino vino, de alguna forma, a refrescar la movida alternativa y/o indie, como una especie de deconstructivista, un Frank Gehry del rock si se quiere. Ha sido comparado con Víctor Jara y hasta con Brian Eno, pero en realidad, esas comparaciones no sirven de mucho a la hora de ver al músico en escena. Con un cálido recibimiento, partió su cita con una improvisación instrumental que llenó la sala de poprock, de ese minimalista y bien elaborado que ya le suena tan propio, en donde tenía a Pedropiedra en guitarra, Felicia en el contrabajo/teclados y a él en batería y voz. Luego sonó la metafolklórica La Bajada, single de su última producción ‘Audiovisión’ que viene promocionando hace algunas semanas. Acá fue mi primera sorpresa; cuando numerosos asistentes –con disco en mano, ya que sólo costaba $20 pesos argentinos (un poco más de 2 lucas)- cantaban la canción y se contorneaban al ritmo del tambor.

Siguieron Por La Ventana, 12 Minerales y Las Piedras. Gepe se paseaba por los ritmos electrónicos de su discografía. Las pistas pregrabadas que acompañaban a la música en vivo funcionaban perfectas para crear las atmósferas sonoras a las cuales las grabaciones de estudios nos transportan. Acá un punto a favor de la presentación, ya que la banda se afiató bien y supo aprovechar los espacios. Los teclados, el sonido fuerte del contrabajo y los arpegios precisos cuando Daniel tomaba la guitarra acústica; todo bien pensado, a mi parecer. La música siguió con la romántica Un Día Ayer, la hipnótica No Te Mueras Tanto y el estreno de un nuevo tema, en donde sutilmente las sonoridades coquetean con el reggae. El setlist continuó con Alfabeto y sus exquisitas sonoridades del folklore nortino, Celosia, que sonó mucho más sucia que la versión editada, Salón Nacional De Tecnologías lejos la más pop de la noche y para finalizar, una que el propio Gepe definió como “la música que más me gusta”: Hebra Prima.

Gepe demostró en los 50 minutos de su presentación, que con poco se puede hacer mucho, o visto de otra manera, que no se necesitan colosales pistas recargadas de beat para hacer buenas canciones de pop, o abusar de nuestra herencia con la guitarra de palo para hacer folklore. Su muestra acá en Buenos Aires estuvo llena de magia, sensibilidad. Puso en evidencia que hace rato ya pasó de ser una promesa a ser la figura y el promotor de los nuevos sonidos nacionales. Un experimental e innovador compositor, o como tituló un matutino de acá: “un diseñador de canciones”.